domingo, 24 de agosto de 2014

Inteligencia y cambio

Podríamos definir la inteligencia de muchas formas. Puede ser la capacidad de ser feliz; puede ser la capacidad de entender los argumentos que los demás nos entregan; puede ser la capacidad de adaptarse y cambiar.

McGuire hizo unos estudios interesantes en dónde analiza la inteligencia con respecto a la recepción de argumentos, la aceptación de esos argumentos y el cambio de opinión. Las conclusiones de este estudio se podrían resumir de la siguiente forma:

  1. Mientras mayor inteligencia más capacidad de recibir y entender los argumentos del otro
  2. Mientras más inteligencia menos probable que se acepten esos argumentos como válidos
  3. Los que menos cambian de opinión son los extremos de inteligencia. Los menos inteligentes no cambian de opinión y los muy inteligentes tampoco. Los que más cambian de opinión son los de inteligencia normal.
Estos hallazgos invitan a las siguientes reflexiones:
  1. La medición de inteligencia se hizo con base en indicadores de inteligencia tradicionales, seguramente muy relacionados con la inteligencia lógica matemática
  2. Para muchos la inteligencia produce erróneamente un efecto de orgullo y falta de humildad
  3. La persona inteligente es aquella que es muy buena entrando argumentos, pero también es muy buena recibiéndolos
  4. La persona inteligente es aquella que ante los argumentos sólidos es capaz de cambiar sus posturas iniciales
  5. Los que no cambian son los que no entienden o los que entienden y no quieren cambiar, pues creen que pueden perder la imagen

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